La nueva bête noire

Las nuevas bêtes noires de nuestros tiempos son quienes no se somenten a los dictados de esta nueva izquierda sin sentido y sin valores sólidos. La discrepancia no está de moda. Es la nueva Inquisición. La nueva violencia sin fundamento. La plaga de la falta de sustancia y de valores personales. Me declaro bête noire.

«Hay una verdad obvia que el hombre de la calle siempre parece olvidar cuando está abusando de los anarquistas, o de cualquier partido que sea su bête noire en ese momento, cuando la causa de algún ultraje acaba de perpetrarse. Este hecho indiscutible es que los ultrajes homicidas han sido, desde tiempos inmemoriales, la respuesta de las clases incómodas y desesperadas, y de los individuos incitados y desesperados, a los errores de sus semejantes, que consideraban intolerables. Tales actos son el retroceso violento de la violencia, ya sea agresivo o represivo». Estas palabras de Emma Goldman dan mucho que pensar en los tiempos que corren.

Ella es un icono del anarquismo más radical. Pero también, desde mi punto de vista, representa el choque entre la ficción anarquista y la realidad del comunismo puesto en práctica. Goldman no respetaba la vida. Esa es la principal diferencia entre nosotras. Su pareja fue condenada a 22 años de cárcel por intentar asesinar a un empresario. Ella se había ocupado de financiar el atentado prostituyéndose. O intentándolo, porque el cliente que se le acercó en la calle la rechazó. Tuvo que pedir el dinero a su hermana.

Más adelante, fueron relacionados con el intento de asesinato del presidente de Estados Unidos. El plan fue elaborado por un loco que les inculpó y la policía les detuvo. Pero, a diferencia de sus amigos anarquistas, ella jamás condenó al asesino. Más bien al contrario, le defendió considerando que el atentado infundiria terror en la clase trabajadora y llevaría las enseñanzas del anarquismo al mundo.

Ella estuvo en la cárcel y fue condenada varias veces por otros motivos, como incitar a la violencia o por animar a no inscribirse en el censo. Cosas así. Al salir de la cárcel su pareja, se le unió en la lucha. Les deportaron a los dos a su Rusia natal en 1919. Y se encontró con el régimen soviético que tanto le había ilusionado. Se tuvo que ir en 1923 y escribió una obra que tituló Mi desilusión con Rusia. La idea de vivir sujeta al poder del Estado no cuadraba con su carácter. Para los bolcheviques, la libertad de expresión no era sino una superstición burguesa.

A Emma, de niña, su padre la azotaba con un látigo. El mismo padre que se negó a que estudiara y quemó su libro de francés. Ella vio siendo muy pequeña cómo golpeaban en la calle a un campesino con una cuerda de nudos. Era una mujer marcada por una desgraciada infancia que se equivocó de bando. Porque la defensa de las libertades civiles, la lucha contra el cronismo empresarial, la eliminación de los privilegios mediante la competencia, y la eliminación de la pobreza gracias al acceso de todos a la mejora de las condiciones de vida y a una mayor riqueza, en función de los valores y las metas de cada cual, no es una lucha bolchevique, es un logro de la burguesía.

En estos días previos al cambio de año, con las calles de varios países dominadas por la lacra de la violencia social, me doy cuenta de que el «retroceso violento de la violencia» no es un retroceso. Un asesinato puede ser el detonante de algo mucho peor. Y me extraña que Emma no se diera cuenta de que la violencia no se apaga con violencia sino con educación, con civismo, con apreciación de los valores que hacen de nuestra sociedad un entorno adecuado para que la pobreza haya disminuído como lo ha hecho.

Si hay que hacer autocrítica, tal vez confundimos paz social con conformismo. Tal vez no enseñamos a nuestros hijos que la libertad individual es sólo una cara de la responsabilidad individual y, por tanto, vivir de los demás es un hecho inmoral. Admito la subsiedariedad del Estado siempre que haya rendición de cuentas exhaustiva. Pero lo que no me parece bien es vender «welfare state» a cambio de un puñado de votos y financiado por los ciudadanos productivos. Porque se empieza así y se termina avivando el fuego de la deuda y lastrando el ahorro y la inversión, los motores de la riqueza. Hay un sesgo extraño en nuestra sociedad. Cuando la gente escucha la palabra «riqueza» piensa en ricos. Yo pienso en pobres. En personas que salen de la penuria y la miseria aumentando su riqueza.

Las nuevas bêtes noires de nuestros tiempos son quienes no se somenten a los dictados de esta nueva izquierda sin sentido y sin valores sólidos. Hablando con un amigo libertario chileno, víctima de una agresión por la masa histérica, coincidíamos en la necesidad de que vuelva esa izquierda sensata, con la que ninguno de los dos está de acuerdo, pero que acepta los cauces pacíficos que nuestra sociedad occidental ha construido día a día, a través de los siglos: esta condición descarta al PSOE. La discrepancia no está de moda, el que ose no someterse será maltratado por los nuevos privilegiados. Es la nueva censura. La nueva Inquisición. La nueva violencia sin fundamento. La plaga de la falta de sustancia y de valores personales. Me declaro bête noire.

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